Mi chico y yo siempre hemos sentido curiosidad por visitar un club liberal, pero como muchas otras personas, gracias un poco a la desinformación que existe alrededor de estos clubes, habíamos dejado la idea un poco de lado. No fue sino hasta que una pareja amiga nos contó su experiencia en el club liberal El Paradise que nos armamos de valor y decidimos visitar un club liberal, con las mejores expectativas.

pareja en club liberal

Unas de las cosas que nos motivaron a visitar este club liberal fue saber que no necesariamente debíamos hacerlo con alguien. Como todo debe ser pactado y un no es no, de no desearlo, no tendríamos que hacerlo con nadie más. Mi chico y yo habíamos hablado muy bien esto antes de ir y habíamos acordado que si una o más personas nos daban buena vibra, podríamos hablar sobre pasar al siguiente paso. Una vez allí, nos dimos cuenta de que las personas están muy abiertas para conversar y que, en general, son bastante agradables. Charlamos con un par de parejas que si bien fueron conversaciones interesantes, al momento de proponernos un intercambio, dijimos que no. No nos sentíamos cómodos con la idea de separarnos y eso estaba bien.

Entonces se nos acercó una chica, de cabello corto y ojos claros, bastante atractiva. Siempre he tenido la fantasía de poder estar con una mujer, sin haberlo cumplido y esta chica me parecía muy atractiva. Estuvimos charlando un rato sobre gustos que teníamos los tres en común y, cuando tocamos el sexo, nos dimos cuenta de que los tres estábamos de acuerdo, por lo tanto pasamos a una de las salas de lujuria a este club liberal donde dejamos las reglas en claro y entramos.

La chica de cabello corto y yo queríamos tener un momento de mujer con mujer, por lo tanto nos permitimos unir nuestros labios para comer nuestras bocas mientras el tacto de nuestras suaves manos recorrían el cuerpo de loa otra. Ella besó mi cuello, yo besé el suyo. Mientras hacíamos esto, nos desnudábamos con pasión mientras mi chico miraba, disfrutando de la escena, ya se uniría luego. Una vez desnudas, ella se dedicó a lamerme, chuparme, acariciarme y gozarme, bebiendo de mí mientras yo me retorcía bajo sus manos. Había además una sensación propia de un club liberal que nos mantenía con los sentidos despiertos y el apetito a flor de piel: la sensación de que otras personas cerca de nosotros estarían gozando de la misma forma… de solo pensar en esto, se me ponen duros los pezones.

Luego llegó mi turno de comerla a ella. Nunca había comido un coño pero si yo tenía uno, pensaba que no sería tan difícil, por eso le di todas las atenciones que tanto disfrutaba en recibir, a lo que ella respondió con gemidos llenos de beneplácito. Le hice señas a mi chico para que se acercara y nos besó a ambas, bebiendo de los dos. Entró entonces en mí mientras le comía el coño a ella, un sueño hecho realidad. Los tres cumplíamos nuestra fantasía dentro del club liberal: ella me veía ser poseída, él la veía a ella retorcerse bajo mi lengua y yo recibía placer mientras lo daba, sintiéndome el centro del goce de aquella sesión.

Al terminar, nos vestimos, nos limpiamos, nos tomamos una copa con ella, nos dimos un beso de despedida y luego nos fuimos de ese club liberal. Poco hablamos ese día de lo que había pasado pero ya sabíamos que algo dentro de nosotros había cambiado. Las veces siguientes que los visitamos, lo hablamos más, abriéndonos a más posibilidades, experimentando y dejándonos llevar por nuestros instintos. Cuando solo el placer es la norma, la única barrera es el consentimiento y siempre hay alguien que tiene gustos afines a los tuyos.