Siempre he sido una chica muy tímida y reservada en todos los ámbitos de mi vida, excepto en el dormitorio. Cuando nadie me ve, me convierto en una persona totalmente distinta, mi deseo lo domina todo y me pierdo en el placer. Nadie imaginaría que la discreta Sofía, con sus gafas cuadradas y su moño alto, al llegar la noche se suelta el cabello y se dispone a darle rienda suelta a sus fantasías más ardientes.

Me gustan muchas cosas en la cama; el sexo anal, mirar a otros, un poco de bondage y de vez en cuando algunas nalgadas por mala. Pero sin duda mi preferidos son los tríos. Ahí eres espectador a ratos y participante siempre, lo que se vuelve aún mejor cuando las personas con las que estas, también comparten una conexión más grande, como los mejores amigos y las parejas.

Cuando me cansé de hacer tríos con amigos idiotas que se chocaban las palmas apena me sacaba la ropa, comencé a probar con las parejas y fue lo mejor que pude haber hecho. Gracias a los clubes swinger, conocí parejas encantadoras y amables, incluso me uní a un menage a trois durante un tiempo. Pero siempre he sido demasiado joven y libre como para tener el mismo compromiso que tienen esas personas a las que me uno en la cama.

Un día navegando en la web, conseguí un local en Alicante que realmente prometía, El Paradise. Su nombre me convenció en el mismo instante que lo leí y la emoción que sentía por visitarlo, me mantuvo inquieta toda la semana hasta que llegó el viernes. Llevando un vestido blanco ligero que ocultaba mi ropa interior del mismo color, llegué a las puertas del local.

Desde fuera no llamaba mucho la atención, lo que me gustó de inmediato. La discreción siempre ha sido el elemento más importante para mí, de lo contrario mi imagen de chica buena en mi trabajo y familia, se desmoronaría de inmediato al primer escándalo. Me dejaron entrar con una sonrisa amable y dentro me sentí de pronto en una dimensión alterna.

Me quedé de pie en la entrada observando el lugar. Las parejas hablaban tranquilamente y reían por lo bajo, el ambiente era elegante y moderado, sin todo el mal gusto que había visto en otros lugares, ahí las personas sabían comportarse y parecían pasarla excelente. Algunas parejas desaparecían a ratos por un pasillo hacía algunas habitaciones. El resto charlaba en las mesas o frente a la barra del bar, no había espectáculos de personas follando sobre las mesas, eso me gustó mucho.

– ¿Te gusta el lugar? – me preguntó una chica a mi lado.

– Me encanta- aseguré con una sonrisa mirándola con interés.

-¿Quieres sentarte un rato conmigo y mi esposo? – preguntó ella señalando una mesa cercana.

Asentí encantada, luego la seguí al lugar sintiendo esa emoción en el estómago. La antelación me tenía excitada y temblorosa.

Más de media hora hablando me permitió descubrir que aquellos eran la Ane y José, casados desde hacía 12 años. Se amaban increíblemente y al notar aquella conexión entre ellos, enseguida quise meterlos en mi cama.

Fui yo la que los invitó a un lugar a solas, pero ellos me guiaron hasta una habitación y amablemente me unieron a su juego privado. Mientras estaba entre las piernas de ella besando su sexo con hambre, él besaba y mimaba los pechos de su esposa, lo que me encendía aún más. Nos quedamos en esa habitación por horas enteras y al salir prometimos encontrarnos la próxima semana, a la misma hora y en el mismo lugar.

Este viernes en la noche estaré puntualmente en El Paradise pasándola en grande con una parejita enamorada.