La noche del viernes comenzó siendo calurosa, lo que hizo a Adele cambiar de opinión en cuanto a su elección de ropa. En vez de aquel pesado vestido violeta que llevaría en primer lugar, se puso una elegante falda blanca de tubo y una vaporosa camisa igualmente blanca, con tacones a juego. La reacción de Juan al mirar a su esposa fue de excitación total mientras la repasaba de pies a cabeza.

Adele sonrió ampliamente ante la mirada de su esposo, y sin perder más tiempo fue al salón de baño a ponerse un poco de maquillaje. Para cuando el reloj dio las 22hrs, la pareja se encontraban en el coche rumbo al club swinger que visitarían esa misma noche. Para suerte de ambos las calles se encontraban extrañamente descongestionadas a pesar de tratarse de una noche de fin de semana, por lo que estuvieron estacionados en su destino unos 30 minutos más tarde.

―Luce discreto y tranquilo ―susurró Juan tomando la mano de Adele― son dos adjetivos que me gustan mucho.

Luego de una rápida revisión en la entrada, ambos accedieron al interior del local, donde la música suave y las luces atenuadas los recibieron. El lugar estaba lleno de toda clase de parejas, incluso había un par de chicas solas mirando a su alrededor con satisfacción. Para Adele y Juan entrar en aquel club fue como entrar en una realidad diferente.

―Elegante ―susurró Adele apretando la mano de Juan―  Y lleno de opciones.

Ambos tomaron asiento en una de las mesas centrales del lugar, donde ordenaron algunas bebidas mientras se ponían cómodos y decidían que hacer. Para sorpresa de ambos, un hombre alto y guapo se les acercó amablemente.

― ¿Y tu esposa? ―preguntó Adele con una sonrisa amable.

El hombre señaló discretamente un rincón donde una linda chica estaba sentada sobre las piernas de un hombre hablando con otra mujer sentada justo al lado. Los tres parecían a punto de iniciar algo.

―Ella es mi esposa, junto con unos amigos. Vamos a ir a una habitación en unos minutos y todos nos estaba preguntando si querían unirse a nosotros ―dijo el hombre con una sonrisa enorme― quizás ahí dentro todos podamos conocernos mejor.

Juan y Adele se miraron a los ojos, comprendiendo que ambos estaban muy bien con ese plan, asintieron entonces y siguieron a aquel hombre, quien los guio hasta la habitación, seguidos de los otros tres restantes. Cuando todos estuvieron juntos en la habitación, las ropas comenzaron a caer al suelo y las bocas comenzaron a chocar entre sí.

Adele se encontró siendo inclinada por las manos de aquel hombre que los abordó, que muy pronto habían cambiado su amabilidad por una dureza que decía lo mucho que le gustaba tener el control de la situación. Mientras los demás se consumían entre sí, aquel hombre se colocaba un preservativo.

Por un momento Adele y Juan se miraron fijamente, con el deseo dibujado en la cara, disfrutando de ese momento en que se compartían con otras personas y sintieron que esa conexión invisible entre ellos se hacía más grande que nunca.

 

Continuará…